GUÍA RÁPIDA PARA SER MÁS ASERTIVO

                 La asertividad es un tipo de comportamiento que se usa para expresar las necesidades de una manera saludable y prosocial. Mientras que algunas personas son naturalmente más asertivas que otras, se puede aprender a ser asertivo con bastante facilidad.

                 Todos nosotros debemos insistir en que se nos trate de manera justa: defender nuestros derechos sin violar los derechos de los demás. Esto significa expresar con tacto, justicia y eficacia nuestras preferencias, necesidades, opiniones y sentimientos.

                  Los psicólogos llaman a eso ser asertivo, a diferencia de ser inseguro (débil, pasivo, obediente, abnegado) o agresivo (egocéntrico, desconsiderado, hostil, arrogantemente exigente).

                  Asertividad es expresar opiniones, realizar solicitudes, pedir favores e insistir en general en que se respeten sus derechos como ser humano significativo e igualitario. Para superar los miedos y la auto depreciación que te impiden hacer estas cosas

Asertividad VS Agresión

                  La asertividad es similar a la agresión, pero hay una diferencia significativa: la asertividad implica defender los propios derechos sin infringir los de los demás, mientras que la agresión implica el uso de estímulos nocivos para mantener los derechos (Richins y Verhage, 1987).

                  La diferencia es que las personas asertivas buscan tener igualdad en sus derechos con respecto a los de los demás, mientras que las personas agresivas simplemente buscan obtener derechos. Esta distinción muestra por qué la asertividad se considera una conducta sana y prosocial, mientras que la agresión no.

                  Es importante ser asertivo en situaciones donde la cuestión es importante y cuando la confrontación es agradable, y entender que es importante ser menos asertivo en situaciones donde la cuestión no es importante y la confrontación no es apropiada. En otras palabras, los mayores beneficios de la asertividad provienen de saber cuándo ser asertivo, así como saber cuán asertivo uno debe ser.

Construyendo asertividad en 4 pasos

Hay cuatro pasos básicos que pueden ayudarte a ser más asertivo en tus interacciones diarias con los demás:

  1. Date cuenta de dónde se necesitan los cambios y cree en tus derechos: Muchas personas se sienten como si se aprovecharan de ellas, o se sineten inseguras para expresarse libremente. Nada de esto cambiará hasta que la víctima reconozca que sus derechos son rechazados y él / ella decida corregir la situación. Muchos de nosotros somos débiles en algunos aspectos: no podemos decir "no" a un amigo que nos pide un favor, no podemos dar ni recibir un cumplido, permitimos que un cónyuge o hijos controlen nuestras vidas, etc. Descubre primero que tan pasivo eres para poder empezar a cambiar.
  2. Determine las formas apropiadas de afirmarse en cada situación específica que le concierne: Hay muchas maneras de idear respuestas asertivas efectivas, tácticas y justas. Observe con atención cómo otros responden a situaciones similares a las suyas y considere si son asertivas, asertivas o agresivas. Describe tus sentimientos, usando una declaración "yo siento que…" que le muestra que asume la responsabilidad de sus sentimientos. Se firme y fuerte, míralos, asegúrate de ti mismo, no te emociones. Describa los cambios que desea realizar, sea específico sobre qué acción debería detenerse y qué debería comenzar. Asegúrese de que los cambios solicitados sean razonables, tenga en cuenta las necesidades de la otra persona y esté dispuesto a hacer cambios usted mismo a cambio.
  3. Practica dar respuestas asertivas: Usando las respuestas que acaba de desarrollar, represente las situaciones problemáticas con un amigo o, si eso no es posible, simplemente imagine interactuar asertivamente. Comience con situaciones de la vida real pero fáciles de manejar y avance hasta las más desafiantes que se esperan en el futuro. Rápidamente descubrirá, que necesita hacer algo más que simplemente ensayar las respuestas de asertividad. Te darás cuenta de que no importa cuán tranquilo y discreto seas, a veces saldrá oliendo como un ataque personal a la otra persona. La otra persona puede no ser agresiva (ya que has sido discreta) pero debes darte cuenta de que son posibles reacciones fuertes, como enojarte y llamarte, contraatacar y criticarte, buscar venganza, volverse amenazante o enfermizo, o de repente ser extrañamente sumiso. Otra técnica para intentar enfrentar situaciones o personas especialmente difíciles se llama registro roto. Con calma y firmeza, repite una y otra vez una declaración corta y clara hasta que la otra persona reciba el mensaje. Por ejemplo, "Quiero que estés en casa antes de la medianoche", "No me gusta el producto y quiero que me devuelvan mi dinero", "No, no quiero ir a beber, quiero estudiar".
  4. Intenta ser asertivo en situaciones de la vida real: Comience con las situaciones más fáciles y menos estresantes. Construye algo de confianza. Haga ajustes en su enfoque según sea necesario. Busque o idee maneras de agudizar sus habilidades de asertividad. Ejemplos: Pídale a un amigo que le preste una prenda de vestir, un álbum de discos o un libro. Pregúntele a un extraño por direcciones, cambie por un dólar, o un bolígrafo o un lápiz. Pídale a un gerente de la tienda que reduzca el precio de un artículo sucio o ligeramente dañado, para mostrar un producto o cambiar una compra, etc.

          Siguiendo estos cuatro pasos podrás migrar poco a poco a un estilo de vida más asertivo, poniendo el respeto interpersonal y tus necesidades de primero. De una manera correcta para defender tus derechos y tener una vida más feliz.

 

               

LOS 10 DERECHOS DE LA ASERTIVIDAD

                Muchas veces suena sencillo ser una persona asertiva, sin embargo, a veces no estamos seguros de qué camino tomar o hasta donde podemos llegar. Recordando un poco el concepto de la asertividad, es una habilidad social que consiste en conocer nuestros derechos personales y saber defenderlos, respetando a los demás.

                Entonces, ¿qué son los derechos de la asertividad? Son diez enunciados creados por Smith que hablan de los derechos asertivos de todos los individuos, estos son:

  1. El derecho a ser tu propio juez: Es el principal derecho asertivo, de él, derivan todos los demás derechos. Significa que tienes derecho a tener creencias y opiniones propias; a evaluar tus sentimientos y tu conducta, y a aceptarlos como válidos si así te lo parecen, aunque a otros piensen distinto. Ser tu propio juez, implica también reconocer y ejercer tu derecho a juzgar, en última instancia, lo que eres y lo que haces. Como ejercer este derecho: ponerse de acuerdo contigo mismo para decidir qué quieres; que aprendas a juzgar tus acciones con claridad (sin exigencias y sin un exceso de autoindulgencia); que elijas tú mismo tu escala de valores y tus principales metas, y que te habitúes a actuar de acuerdo con todo ello. Busca tener claro que quieres en tu vida y trázate tus propias metas, y que trates de ser fiel a ti mismo, consiguiéndolas en lo posible. 
  2. El derecho a elegir si nos hacemos o no responsables de los problemas de los demás: Si ignoramos nuestro derecho asertivo a no hacernos responsables de los problemas de otras personas, cuando así lo decidamos; los demás podrán manipularnos, presentándonos sus propios problemas como si fuesen nuestros. Pero si somos asertivos, podremos optar por sentirnos responsables sólo de nuestros propios problemas. Una creencia irracional que nos impide ejercer este derecho es la de que no debemos decir o hacer nada que pueda herir los sentimientos de otras personas. Pero, aunque es preferible no herir a los demás y tratarlos con respeto y cortesía, es imposible y contraproducente pretender exigirte a ti mismo que nunca hieras a nadie. Es más deseable pensar que tienes derecho a defender tus intereses y a expresar tus sentimientos, incluso si los demás se sienten ocasionalmente heridos. Lo contrario supondría mostrarte falso y negar a la otra persona la oportunidad de aprender. Como ejercer este derecho: debemos tratar de respetar nuestros intereses y los ajenos, buscando soluciones favorables para ambos siempre que sea posible. Pero, en ocasiones, es natural y razonable anteponer nuestras necesidades a las de los demás.  Además, si no nos ocupamos de nuestro bienestar, acabaríamos sintiéndonos mal y teniendo una actitud negativa también con los otros.
  3. El derecho a elegir si queremos o no dar explicaciones: No tenemos qué sentirnos obligados a dar explicaciones sobre nuestro comportamiento para que los demás decidan si es acertado, correcto o incorrecto, ni para intentar convencerlos de que no estás equivocado. Por supuesto, los demás siempre tendrán la opción asertiva de decirte que no les gusta lo que haces. En ese caso, podrás optar por: no hacerles caso, buscar un acuerdo o negociación, o respetar sus preferencias y modificar por completo tu comportamiento. Pero hay que tener claro que los verdaderos responsables de nuestra vida, nuestras emociones y nuestras conductas somos cada uno de nosotros.
  4. El derecho a cambiar de opinión: La realidad es muy compleja, puede ser vista desde diferentes ángulos y muchos aspectos de esta están en continuo cambio. Por ello, para ser realistas y conseguir un máximo de bienestar, conviene aceptar que cambiar de opinión es algo saludable y normal. Algunas ideas irracionales que nos impiden ejercer este derecho son: “Una vez que te hayas comprometido a algo, no debes cambiar de opinión y, si cambias, debes justificarte o reconocer que estabas en un error”, “Si te vuelves atrás demuestras que eres un irresponsable”, “Si cambias de opinión demuestras que no eres capaz de tomar decisiones por ti mismo”, etc. La persona asertiva no hace caso de esos “deberías” irracionales y tiene claro su derecho a cambiar de opinión.
  5. El derecho a cometer errores: Si creemos, de forma autoexigente, que no debemos cometer errores (cosa que es imposible porque todos nos equivocamos a veces), cuando los cometamos reaccionaremos pensando y sintiendo que hemos hecho algo malo, que eso es terrible y que somos unos ineptos. También será fácil que otras personas nos manipulen y nos hagan sentir culpables por habernos equivocado en algo. Por ejemplo, si cometes un pequeño error en tu trabajo y tu compañero te regaña dándote a entender que “no deberías haber fallado”; si no eres asertivo y dejas que él juzgue tu comportamiento —sin tener en cuenta que es a ti a quien corresponde hacerlo y que tienes derecho a equivocarte—, es probable que esa situación te cree mucha ansiedad. Como ejercer este derecho: si eres asertivo y, por tanto, juzgas por ti mismo tus propios errores, reconocerás tranquilamente que ha sido un fallo, viéndolo como algo normal y sin sentirte culpable por ello.
  6. El derecho a decir “no lo sé”: Ejercer este derecho consiste en responder tranquilamente que no sabemos algo, cuando la ocasión lo requiera. Incluye también el atrevernos a preguntar lo que desconocemos. Se basa en aceptar que es imposible saberlo todo, y que no necesitamos tener respuestas a todas las cuestiones, para sentirnos bien y ser eficaces y valiosos. Por ejemplo, si nos dicen ¿Qué crees que pasaría si todo el mundo empieza a defender sus derechos?, una respuesta asertiva, podría ser “No lo sé; ¿qué crees tú que pasaría?”. El derecho a decir “no lo sé” sin sentirnos mal por ello se contrapone a creencias irracionales como: “Debemos tener respuestas para cualquier pregunta que nos hagan” o “Debemos tener claras (y ser capaces de explicar en cualquier momento) las consecuencias que puede tener nuestra conducta en otras personas”.
  7. El derecho a no necesitar la aprobación de los demás: Las relaciones interpersonales son muy importantes y es muy grato gustar a los demás. Pero intentar agradar a todos es imposible e incluso contraproducente. Conseguir siempre la aprobación de los demás es un objetivo inalcanzable. Por tanto, es mejor aceptar con naturalidad que haya personas a quienes no les gustemos. Si damos excesiva importancia a conseguir la aprobación de los otros, podemos convertirnos en personas ansiosas y serviles (ya que, incluso cuando tengamos su aprobación, temeríamos perderla). En realidad, aunque la prefiramos, no necesitamos la aprobación ni la simpatía de los demás para relacionarnos con ellos de forma asertiva y eficaz.
  8. El derecho a tomar decisiones ajenas a la lógica: La lógica y el razonamiento suelen basarse en afirmaciones rotundas, en forma de “todo o nada”. Pero nuestros deseos, motivaciones y emociones no suelen presentársenos de una manera tan clara. A menudo, nuestros sentimientos acerca de algo o alguien están mezclados y confusos. Por tanto, la lógica y el razonamiento son poco eficaces para comprender esas situaciones o para resolver problemas creados por motivaciones en conflicto. Pese a ello, muchos de nosotros conservamos la creencia irracional de que “Hay que dar buenas razones para justificar nuestros deseos, sentimientos y conductas”. Se dice que “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. una negociación acerca de vuestros deseos en conflicto. Así, podrías llegar a sentirte culpable por desear algo “contrario a la lógica”. Sin embargo; sigues teniendo el derecho a elegir tus metas y a decidir lo que quieres, aunque no dispongas de unas razones claras y lógicas para explicarlo (ya que tú eres tu propio juez).
  9. El derecho a no comprender las expectativas ajenas: Algunas personas tienen la idea irracional de que deberíamos adivinar sus necesidades y expectativas y pretenden manipularnos para que hagamos lo que quieren, mediante alusiones indirectas, como si esperaran que intuyamos sus deseos y nos sometamos a ellos; en lugar de expresarlos asertivamente para intentar conseguirlos, aunque sea parcialmente. Ser asertivo requiere pensar que no estamos obligados a adivinar las expectativas de los demás y que, aunque en la mayoría de las situaciones nos convenga estar atentos y tratar de tenerlas en cuenta, es lógico y conveniente que sean las personas implicadas las que expresen sus deseos. Además, si aceptamos que es difícil comprender las expectativas ajenas, evitaremos también los errores que suelen darse cuando tendemos a “adivinar” los pensamientos y deseos de los demás. 
  10. El derecho a no intentar alcanzar la perfección: Como señala Smith, algunas personas creen que, aunque no somos perfectos, debemos intentar alcanzar la perfección en todo lo posible. Por tanto, consideran que si alguien nos indica cómo podemos mejorar, tenemos el deber de seguir esa dirección. Pero ya hemos visto lo contraproducentes que son los “deberías”. Además, si nuestras expectativas son realistas, no esperaremos ser perfectos —ni siquiera acercarnos a ello— ya que los humanos estamos llenos de limitaciones. Como ejercer este derecho: lo asertivo es que cada uno de nosotros juzgue y elija sus metas según sus preferencias y que, si otro trata de manipularnos para conseguir que hagamos lo que quiere argumentando que es mejor, podamos pensar y decir: “No me importa”.

                Para concluir este apartado sobre los derechos asertivos, es importante destacar que los derechos asertivos son válidos para nosotros y para las demás personas. Por tanto, lo lógico es respetar en lo posible esos derechos en los demás.

                Al estar conscientes de nuestros derechos asertivos, es más fácil migrar a relaciones interpersonales funcionales y asertivas, entendiendo hasta donde podemos llegar siempre y cuando no faltemos el respeto a los demás.